Siento que falta algo. Un ambiente puede ser precioso, bien decorado e impecablemente limpio, pero sin un aroma parece que la experiencia no está completa.
Es ahí donde el huésped empieza a crear una percepción sobre aquel lugar. El aroma ayuda a transformar una recepción bonita en una experiencia que de verdad queda en la memoria.
Primero, camino por el hotel como si fuera una huésped. Entro por el lobby, observo la recepción, las áreas de circulación, los pasillos, los ascensores y todos los ambientes que forman parte de la experiencia.
También evalúo los metros, la altura del techo, el flujo de personas, las entradas y salidas de aire, la ventilación y el funcionamiento del sistema de aire acondicionado. Después converso con el gerente para entender el perfil del hotel, el tipo de huésped que recibe y qué sensación quiere transmitir la marca.
Yo pregunto, por ejemplo: ¿quieren que el hotel sea percibido como más sofisticado, acogedor, fresco o marcante? ¿Se está usando algún aroma actualmente? ¿Hay quejas relacionadas con olores? A partir de esas respuestas, consigo desarrollar un proyecto más coherente con el espacio y con la identidad del hotel.
Cambia prácticamente todo. No se elige una única fragancia y simplemente se esparce por el hotel entero.
El aroma tiene que crear una primera impresión marcante, pero también agradable, porque es un ambiente de permanencia y gran circulación.
Normalmente trabajamos con una presencia más discreta y uniforme, para acompañar al huésped sin causar exceso.
Buscamos fragancias que transmitan frescor, energía y sensación de limpieza.
El objetivo suele ser relajación, equilibrio y bienestar.
Además de la fragancia, también cambian la intensidad, el equipo, la programación y la forma de distribución. Cada ambiente exige una evaluación específica, aunque todos necesiten conversar con la misma identidad olfativa del hotel.
Sí, ocurre. Forma parte de mi trabajo orientar al cliente, incluso cuando su elección inicial no es la más adecuada.
A veces, la fragancia es maravillosa cuando se siente en el frasco o en una tira olfativa, pero no funciona de la misma forma en un ambiente amplio. Hay fragancias que quedan muy densas en espacios cerrados, y otras desaparecen en lugares con techo alto, puertas abiertas o gran circulación de aire.
También considero el propósito del ambiente. Una fragancia muy dulce o intensa, por ejemplo, puede no ser cómoda en un lobby donde las personas permanecen bastante tiempo. Y un aroma muy relajante quizá no sea la mejor elección para un gimnasio.
Yo no elijo solo por el olor más agradable. Evalúo el comportamiento de la fragancia en el espacio, el flujo de aire, los metros, el tiempo de permanencia de las personas y la sensación que el hotel desea provocar. Muchas veces hago pruebas y ajustes antes de llegar a la elección definitiva.
Eso depende de la estructura del hotel y del ambiente que será aromatizado. En áreas mayores, podemos conectar el equipo al sistema de aire acondicionado para que el aroma se distribuya de manera más uniforme. Esa instalación no exige alteraciones significativas en el sistema: se hace una conexión por medio de un pequeño tubo en el ducto responsable de llevar el aire al ambiente.
En otros espacios, utilizamos equipos independientes y estratégicamente posicionados. La instalación la realiza el equipo técnico, normalmente de forma rápida y planificada para no interferir en la operación del hotel. En la mayoría de los casos, el hotel no necesita interrumpir sus actividades.
Después de la instalación, el equipo se programa de acuerdo con los horarios y el flujo del lugar. La reposición de la fragancia y el mantenimiento se hacen periódicamente, según el consumo, la capacidad del equipo y la programación elegida. También acompañamos el proyecto para ajustar la intensidad siempre que sea necesario.
Cuéntame sobre tu hotel y la experiencia que deseas ofrecer. A partir de esa primera conversación, identifico las soluciones de aromatización más adecuadas para tu proyecto, con atención a la atmósfera, al propósito y a cada detalle.